Tras las obras figurativas de marcado carácter hierático que le sirven de aprendizaje, Juana Francés emprende hacia 1955, una investigación pictórica en torno al informalismo abstracto que le lleva a formar parte del grupo El Paso, de gran importancia y significación en el panorama artístico español de mediados del siglo XX. A ese momento pertenecen estas obras valientes de técnicas mixtas donde el color siena, blanco o negro, regado o goteado, convive con una manifiesta violencia gestual y gran cantidad de materia. Al principio son arenas y tierras de distintos grosores y texturas para poco después, incorporar material de desecho y fragmentos de la naturaleza: objetos encontrados, trozos de ladrillo, cerámica, vidrios, en composiciones más cercanas a los planteamientos dadaístas o al arte povera.