Soledad Sevilla [Esperando a Sempere] es una exposición especial en la trayectoria de la artista: un proyecto que cierra un círculo vital y creativo y que, al mismo tiempo, resulta imprescindible para el MACA, museo cuyos orígenes están íntimamente ligados a la colección del artista alicantino Eusebio Sempere.
Sevilla y Sempere se conocieron en la década de 1960. Entre ambos surgió una admiración mutua y “una profunda y entrañable amistad”, al tiempo que coincidían en algunos de los proyectos más relevantes en torno a la abstracción geométrica del contexto artístico español. Un interés común por la línea, una práctica rigurosa de la composición y una deriva hacia lo sensitivo —hacia una geometría más blanda y emotiva— conectan la obra de Sempere y Sevilla. Esta afinidad poética con el artista alicantino atraviesa toda la carrera de Sevilla: desde los inicios hasta su producción más reciente, como las series pintadas desde el verano de 2022 concebidas como inspiración y homenaje a su amigo. Sevilla encuentra en la luz y la línea, como Sempere, una conmoción sensible, una quietud rigurosa y deliberada.
Partiendo de las piezas de los años 70 que conservamos en las colecciones del museo, la exposición centra su atención en las series más recientes de la artista. Son pinturas de gran formato en las que la vibración de la línea, como filamento o hilo, genera superficies que se expanden y se recomponen continuamente. Estas obras envuelven al espectador e invitan a experimentar la pintura no solo desde la mirada, sino también de forma performativa, desde el cuerpo que comparte el espacio con ella. La contemplación se convierte así, en una experiencia física que desata emociones íntimas. Sevilla consigue evidenciar el espacio total como una unidad y, dentro de él, desplegar una amplia gama de registros y sutiles variaciones. La geometría, lejos de ser fría o distante, adquiere aquí un carácter íntimo e introspectivo.
Artista rigurosa y disciplinada, Sevilla trabaja guiada por la intuición… Como ella misma afirma sus tramas son “fondo para el pensamiento y el arte pasa por encima como una especie de reflejo”. Lo describe perfectamente el propio Sempere: “¿Para qué hablar de pintura si ustedes la están viendo?”