Pablo Picasso. No digo más que lo que no digo

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Pablo Picasso y un siglo de artistas

Pablo Picasso recorre casi un siglo de arte y a su lado, una serie imprescindible de artistas transforman radicalmente la historia del arte mientras desdibujan las fronteras entre la figuración y la abstracción. Muchos de ellos están aquí representados.

La Colección Arte Siglo XX guarda entre sus fondos una gran cantidad de obras sobre papel entre dibujos, grabados, litografías y serigrafías que completan una extensa nómina de artistas imprescindibles, recorriendo los territorios más sugerentes del entramado artístico del siglo pasado. 
Y es así porque Eusebio Sempere y su compañero Abel Martín, después de experimentar en París variadas técnicas de impresión, introducen en España la serigrafía artística realizando bellísimas estampaciones de sus propias obras y de sus amigos artistas. Y están profundamente convencidos de que la obra gráfica merece el status de «original» y de que sitúa el arte contemporáneo al alcance de una mayoría de público, democratizándolo.

Con esa convicción estética y política, Sempere admiró siempre la figura de Pablo Picasso. Adquirió el grabado de Picasso perteneciente a la Suite Vollard, Fernando Zóbel le regaló el Retrato de Rimbaud y compró El Entierro del Conde de Orgaz, obras que aquí se muestran. De la misma manera que participó en el Homenaje a Picasso que tuvo lugar en la celebración del 90 cumpleaños del artista en noviembre de 1971, sufriendo por ello detención, encarcelamiento y una cuantiosa multa económica. 

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Rosa Castells

Juana Francés. La construcción de una artista moderna, 1945-1956

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Juana Concepción Francés de la Campa (Alicante, 1924 - Madrid, 1990) es una de las artistas más contundentes del panorama artístico español de la segunda mitad del siglo XX, pionera del informalismo abstracto y única mujer del emblemático Grupo El Paso. Expuso en eventos artísticos internacionales tan importantes como las tres Bienales Hispanoamericanas, la Bienal de Venecia, hasta en cinco ediciones, o la de São Paulo. Expuso en colectivas junto a compañeros de generación en el Museo Guggenheim de Nueva York o en la Tate Gallery de Londres y en destacadas muestras individuales en instituciones de España, Francia o Portugal, entre otros lugares. Fue reconocida por la crítica desde su etapa inicial figurativa hasta el final de su trayectoria, pero ha sido olvidada por la historiografía del arte. En los últimos años su figura se ha reivindicado con fuerza, afirmando su calidad y pertinencia y en el MACA hemos profundizado en sendas exposiciones sobre sus pinturas abstractas. 
 

Ahora proponemos revisar los orígenes de su pintura: los años de formación, su etapa figurativa más simbolista y su transición personal antes de lanzarse a la aventura generacional del arte abstracto. Es la etapa menos conocida: pinturas donde la figuración de influencia italianizante se mueve entre el simbolismo contenido y el surrealismo de raíz metafísica con figuras rotundas y voluminosas de corte geométrico. Entre los temas que presenta hay maternidades, retratos de niños y mujeres, familias y enigmáticos bodegones así como escenas alegóricas que presentan un aire de misticismo intrigante y que encierran una espiritualidad que veremos aflorar en etapas posteriores. A nivel técnico, Francés trabaja de forma innovadora para conseguir determinadas texturas y empastes con la técnica de la encáustica donde mezcla cera, resina y disolvente sobre un soporte rígido, superponiendo distintas capas de pintura para “herirlas” después con un clavo. Una voluntad experimental que permanecerá intacta a lo largo de toda su trayectoria, marcando su fuerte personalidad plástica. 
 

Juana Francés es la más destacada de un grupo de mujeres artistas que comenzó a exponer en los años 50 del pasado siglo y cuya obstinación profesional desafió a la sociedad de su tiempo: un sistema excluyente, que relegaba a la mujer a la esfera doméstica o a papeles decorativos en la cultura. Frente a un entorno hostil, normativo y rígido creado por la ideología social del franquismo, Juana Francés logró estar atenta a las preocupaciones plásticas y formar parte activa de una generación de artistas que revolucionaron el arte de su tiempo. Su trayectoria permite hoy repensar el papel de las mujeres en la historia del arte, así como la compleja relación entre modernidad estética y compromiso social.
 

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Juana Francés. La construcción de una artista moderna, 1945-1956
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Rosa Castells y Natalia Molinos

Eusebio Sempere. Aprender el oficio de pintor

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Gracias a una temprana vocación pictórica, Sempere inició en 1941 su etapa de formación en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, ciudad donde se traslada su familia después de la guerra civil, tras haber perdido su fábrica de juguetes de Onil. 
 

Sempere había terminado meses antes sus estudios de bachillerato y asistido a clases nocturnas en la Escuela de Artes y Oficios lo que le había dado algunos conocimientos y práctica en el dibujo. Sus seis años de formación académica fueron anodinos y frustrantes. La educación artística en España durante aquellos años de posguerra era deprimente, a los malos profesores mediocres como artistas, autoritarios y despóticos en sus clases, se unía un extremo conservadurismo en los contenidos y continuas referencias “sorollistas” como único ejemplo válido a seguir, tal y como recuerda el artista una y otra vez. 
 

En la Escuela conoció al padre Alfons Roig, profesor de la asignatura Liturgia y cultura cristiana, que hablaba de Kandinsky a los alumnos de San Carlos y era acaso, el único conocedor y entusiasta defensor de la modernidad y las corrientes vanguardistas. Eusebio acaba sus estudios en 1946 pero permanece en San Carlos hasta 1948 con objeto de cursar la especialidad de grabado calcográfico con el profesor Ernesto Furió, otro de los pocos profesores que consiguió ganarse el respeto de sus alumnos. Sempere aprendió la técnica del aguafuerte y la punta seca y sus grabados muestran un excepcional dominio del grafismo, trabajando la textura y el volumen y equilibrando con soltura la luz y la oscuridad. 
 

Sempere estudió modelado, dibujo, anatomía, perspectiva cómica y procedimientos pictóricos, adquiriendo una sólida formación en el oficio artístico que se demuestra en las obras conservadas de aquellos años de formación. A finales de 1948, el SEU (Sindicato de Estudiantes Universitarios) le concede una beca para ampliar estudios en París. Allí se convertirá en artista-

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Rosa María Castells